Güelita

La señora sonriente que aparece en la foto era mi abuela. Se llamaba Josefa Cueto Antuña, nació el 15 de Abril de 1901 y vivió hasta los 101 años de edad. Como puedes imaginar fue una persona que vivió muchas cosas a lo largo de su vida, le tocaron 2 guerras mundiales, una guerra civil, y multitud de desgracias de aquellos tiempos, pero ahí la tienes aguantándolo todo. La historia de mi abuela, puede parecer atípica, se casó con mi abuelo que se había quedado viudo con 2 hijas y 2 hijos, porque la mujer de mi abuelo era su mejor amiga, y como ella decía “prubitín dábame pena con 4 fios pequeños“, quien sabe si lo decía en broma o no, la verdad es que dejó a su novio de toda la vida y se casó con mi abuelo. Supongo que como otros tantos matrimonios de la época tendrían sus altibajos, no puedo opinar porque no conocí a mi abuelo, el a mi si, pero yo tenía meses así que no lo recuerdo, por lo que me cuentan era una persona con los estudios primarios de la época pero tremendamente inteligente y con una gran cabeza para las operaciones matemáticas. De mi abuelo escuché muchas historias que lo califican de hombre cabal y recto que como minero tenía miedo a pocas cosas. Combatió en la Guerra Civil al igual que muchos otros, pero no se en que bando, cuando la guerra acabó y mi madre le preguntaba le decía que eso ya había quedado atrás.

Mi abuela y mi abuelo tuvieron otros 3 hijos, pero eso no hizo que mi abuela tratase a los hijos del anterior matrimonio de manera distinta a los suyos, mi madre decía que cuando no había para todos daba primero a los otros que a los suyos, puedes hacerte una idea de como era. Sufrió la muerte de varios de ellos, mi padre me dice muchas veces que no hay cosa peor para un padre que sobrevivir a un hijo, no soy padre así que no lo se, pero puedo imaginarme como tuvo que ser para ella. Un hijo del anterior matrimonio murió atropellado por un camión mientras volvía en bicicleta de visitar a sus hermanas y se dirigía al trabajo, el otro murió ahogado mientras intentaba salvar a un amigo en problemas, murieron los dos. Después de sufrir esas muertes de sus hijos jóvenes, vivió la muerte de mi tía , hija del anterior matrimonio de un ataque al corazón, en aquella época tenía la cabeza bastante bien y recuerdo que se pasaba el tiempo llorando y diciendo su nombre, muerta de pena pidiendo que se la llevasen a ella en vez de a su hija. Después de aquello mi madre y sus hermanos decidieron no volver a decirle nada en las posteriores muertes de la familia, era demasiado sufrimiento y empezaba a perder lucidez. Perdió a otros 2 hijos de cancer, pero no llegó a enterarse. Cuando preguntaba por mi tio le decíamos que estaba de viaje, creo que unas veces lo creía pero otras veces por sus preguntas parecía que no las tenía todas consigo, creo que en el fondo como madre notaba que le faltaba.

A pesar de las desgracias mi abuela era una persona de caracter alegre, buena en todos los sentidos, siempre te recibía con una sonrisa y con un beso, eso si primero se limpiaba los labios antes de besarte sino no te lo daba.

Le encantaba cantar y tenía una voz hermosa, mi padre la quería meter en el coro y tiene varias grabaciones de canciones antiguas que se ponía a cantar a las 2 o 3 de la mañana porque para su cabeza tal vez esas horas eran las 9 de la mañana y estaba lavando la ropa en el río del pueblo como hacía cuando mi madre era pequeña y no había agua corriente en las casas.

Durante muchos años se negó a abandonar su casa, por mucho que insistían sus hijos ella no quería abandonar su casa, casa de alquiler por supuesto, en aquella época tener casa propia era un privilegio que no todos se podían permitir. En ese sentido era inamovible, como la vez en que la llevaron por primera vez al médico y el médico le dijo que se desvistiera para examinarla y ella se negó en redondo porque si su marido no la había visto desnuda en todos los años de matrimonio menos la iba a ver un chico joven que no conocía, eran otros tiempos como digo. Todavía recuerdo cuando ibamos a su casa el día de difuntos y nos preparaba el cocido en su vieja cocina de carbón, he probado muchos cocidos en mi vida pero ninguno tiene ese sabor que le daba la cocina de carbón de mi abuela, para mi siempre 2 petit suis que iba a comprar a la tienda del pueblo y nunca olvidaba.

Ya mas mayor no tuvo mas remedio que abandonar su casa, ya no se valía por si misma y sus hijos decidieron que pasaría un mes en la casa de cada uno. Actualmente eso no se tercia, resulta mucho mas cómodo enviar a los ancianos a una residencia, pero ni mis tios ni mi madre iban a permitir que su madre pasase sus últimos años, que fueron muchos, en una residencia. En ese sentido somos un poco atípicos al parecer, a los 95 años sufrió unos achaques y se negaba a comer, cuando mi madre le intentaba dar de comer y no había manera le decía que sino iba a acabar junto a la casa de la chocha (la casa que había al lado del cementerio) y entonces comía, tenía miedo a morirse supongo que como todos. En un momento dado se negó en redondo a comer y la tuvimos que ingresar en el hospital, lo normal en esos casos, al parecer, es ingresar al abuelo y largarse que hay cosas y compras mas importantes que hacer, nosotros no, estabamos continuamente con mi abuela, los hijos y los nietos, a los médicos les parecía extraño, no parece que sea una costumbre habitual en estos tiempos modernos. Le dieron unos días de vida, y entonces pedimos a los médicos poder llevárnosla a casa para que muriese cuidada por los suyos, a los médicos también les extrañó, al parecer ahora eso ya no se lleva, supongo que por el cariño que recibía y lo fuerte que estaba al no haber tomado mediamentos en toda su vida se saltó el pronóstico, se recuperó completamente y vivió 6 años mas.

LLegó un momento en que pasaba practicamente todo el año en mi casa, ella encantada porque aunque suene inmodestia yo era su nieto preferido y sabía que siempre le iba a dar las cosas que me pidiese, caramelos a escondidas principalmente, caramelos que me pagaba con 5 pesetas para que saliese por ahí (para su época eso era una auténtica fortuna), dinero que yo cogía y reembolsaba cuando no miraba en la cartera que guardaba debajo de su almohada con lo que ella decía eran sus “ahorros”.

La gente parece tener problemas con la gente mayor, no quieren estar cerca de ellos y molestan. Deberían pararse un momento y escuchar sus historias, esos viejos babosos a sus ojos son personas con mucha mas experiencia vital de la que nosotros pijillos acomodados tendremos en toda la vida, y de todas las historias se aprende. Mi abuela pasaba mucho tiempo contándome historias mientras veíamos películas de terror en las que ella siempre animaba al malo porque los jovenes gochos estaban en bolas haciendo guarrerias.

Esas historias, que aparecían en los breves momentos que tenía de lucidez me permitían conocerla un poco más y saber como era la vida en España en una época en la que, salvo los señoritos y los ingenieros de lo que actualmente es hunosa, la inmensa mayoría de la población era analfabeta y subsistía trabajando como hacía mi abuela en todo lo que podía, vendiendo carbón, trabajando de sirvienta, etc. Mientras paseabamos por el pueblo me decía aquí estaba la casa de la señora tal, o aquí estaba el almacén de carbón, luego yo preguntaba a mi madre porque no sabía si estaba desvariando o lo decía con toda conciencia en sus breves momentos de lucidez, que no eran pocos. Normalmente mi madre me confirmaba lo que mi abuela me decía y se quedaba sorprendida de lo que era capaz de recordar, la mente humana es una cosa extraña.

Era analfabeta, pero eso no significa que le gustase, de las revistas y periódicos solo podía leer los santos (las fotografías que acompañaban a los articulos), y cuando tenía que ir al banco o a recoger el vale por carbón que le correspondía de la pensión de minero de mi abuelo tenía que poner una X en el papel. Un día se cansó y mientras yo hacía los deberes del colegio me pidió que le enseñase a escribir su nombre en un papel, supongo que se avergonzaba de no saber y quería aprender. Me pasé muchas tardes enseñándole siendo un crío como tenía que escribir cada letra de su nombre, hasta que un día al ir al banco cuando el encargado le dijo que pusiese una X, le pudo decir que no, que ella sabía escribir su nombre, tardaba porque le costaba pero lo hacía bien y para ella era un orgullo.

También era socialista a ultranza, como todos los obreros de la época, en su casa junto a las fotos familiares había una foto firmada de Felipe González y cada vez que había elecciones desde que se restauró la democracia le pedía a mi padre que la llevase a votar y le dijese cuales eran los de su Felipe para poder votarlos, algún malpensado podría pensar que la llevábamos a votar engañada como hacen otros pero este no es el caso, puedo asegurar que era ella quien pedía que la llevásemos a votar, para ella era un derecho ganado después de muchos años, no se lo que pensaría ahora tal y como van las cosas pero supongo que fiel a sus creencias seguiría votando igual.

Su pasatiempo favorito era coger su cojín y su bastón e irse de paseo a sentarse en un banco con otros viejecillos y pasar allí la tarde contándose historias de su juventud supongo. Al caer la tarde la iba a buscar para llevarla a casa, pero a veces no estaba en el banco, se había escapado a coger castañas cuando era la época, le encantaban las castañas asadas y nos traía cantidades enormes que a veces escondía para que mi madre no la riñiese porque podía romperse algo cuando saltaba a los prados de los castaños.

También era una persona tremendamente coqueta que siempre se peinaba y se sentaba erguida si sabía que le ibas a hacer una foto, no quería salir fea. No conozco a ninguna persona capaz de estar tan tiesa para una foto como lo estaba mi abuela.

Güelita mariachi

Tenía un gran sentido del humor y se reía con todo, para muestra un botón.

En definitiva mi abuela era una persona buena y sin maldad de las que quedan pocas y de la que simplemente puedo decir “te echo de menos güeli“.

 

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